Guía de Turismo en París
Sin dudas la manera más económica de comer en París es comprar los alimentos en supermercados y comer en algún parque o en el hotel. Pero este tipo de alimentación si bien puede ser inevitable cuando los recursos económicos escasean no suele ser del gusto de ningún viajero y menos aún cuando las habilidades culinarias dan para poco más que para hacerse un bocadillo. Esta manera de alimentarse casi siempre se limita a productos fríos ya que ni en las habitaciones de los hoteles hay microondas disponibles ni resulta muy práctico emplear el tiempo en la compra de comida y la búsqueda de un lugar donde comer cuando el tiempo no sobra en la visita a París.

Por esto mismo, para las economías más modestas, lo mejor es localizar previamente los bares y restaurantes más baratos, de la zonas que visitará, donde podrá almorzar o cenar por poco más de 12 o 15 euros.
Lo más económico suelen ser los platos del día, plats du jour, que suelen componerse de un primer y un segundo plato más el postre.
¿Qué se puede esperar de estos restaurantes?
Pues en principio un buen servicio aunque sorpresas poco agradables las podrá encontrar en cualquier ciudad.
En París hay multitud de restaurantes a buen precio especializados en comidas de medio mundo. Así que podrá visitar los restaurantes chinos que están presentes en todos los barrios donde podrá pedir los famosos y siempre presentes rollitos de primavera, o puede decidirse por los restaurantes propios de la tierra en los que podrá degustar las galettes de trigo, las crepes, entrecote, fondue de carne o lo que usted prefiera de la rica comida francesa, también encontrará restaurantes de más países asiáticos o africanos.
Recuerde que en Francia se suele almorzar a horas más tempranas que en España así que no se le ocurra presentarse a las tres de la tarde porque es probable que se encuentre algunas cocinas cerradas. A partir de las 12 ya podrá almorzar y si le parece muy temprano no se retrase mucho más de las dos de la tarde.
Siempre que estamos de viaje en alguna ciudad, por ejemplo en París, es recomendable iniciar el día con un desayuno generoso. No tiene por qué comer huevos con bacon ni nada que a usted no le apetezca (aunque si le agrada ese tipo de comida entonces perfecto) pero si que debería de añadir a su estómago algo más que un café con leche o un zumo.

En los viajes turísticos es mucha la energía que se consume puesto que es muy común que nos pasemos todo el día andando, visitando nuevos lugares, entrando a museos, recorriendo parques, viendo comercios,… y si nos levantamos temprano, tomamos un café y esperamos a estar desfallecidos para volver a comer algo estaremos haciéndolo realmente mal.
En París no es muy propio que sus habitantes desayunen con contundencia. El petit déjeuner suele ser como su nombre indica un pequeño almuerzo, casi minúsculo porque no puede llamarse de otra manera a tomarse un café con leche con una pasta. Sin embargo en cualquiera bar usted podrá pedir croissants, brioches, y una amplia variedad de complementos para el solitario café con leche.
Si son pocos días los que pasará en París tal vez quiera hacer coincidir sus desayunos con la visita a cafeterías famosas como por ejemplo Café de Flore, Café de la Paix, Les Deux Magots,… Tenga tan sólo en cuenta que el precio del desayuno será tan contundente como generosa su intención de comenzar el día con energía.
En ocasiones cuando viajamos al extranjero da la sensación, por las dudas que se nos plantean, que no tenemos claro si vamos a visitar un país vecino donde viven personas muy semejantes a nosotros en todos los sentidos o realmente nos vamos a encontrar con seres más propios de otras galaxias.

Las propinas suelen entrar en el terreno de las dudas que tiene cualquier turista. ¿Debe de darle propina al taxista, al camarero, al policía que le orienta en la ciudad?
Es evidente que no siempre estará bien visto dar propinas, además incluso cuando se espere ese dinero extra usted no está obligado a darlo.
Tenga en cuenta también que en algunos restaurantes los precios no incluyen el servicio, es decir, que al total consumido le sumarán ese incremento que puede ser de un 12%, así que en el caso de que usted haya decidido dejar propina sería aconsejable que esperase a saber el total.
En mi opinión si a usted ya le cobran el servicio, a parte de lo que haya consumido, no tiene demasiado sentido dejar una propina. ¿Por qué va a tener usted que dejar ese dinero extra? Descuide que el propietario del restaurante ya decidirá libremente establecer sus precios. Tampoco tiene que ser responsabilidad suya que los camareros consigan cobrar algo más de dinero cada mes, esto más bien es tarea de los sindicatos.
Por lo tanto el buen servicio si que hay que agradecerlo, con una sonrisa o con una felicitación y recomendación del restaurante a amigos y conocidos, pero no con una propina. De todas formas si usted quiere dar propina tiene libertad de hacerlo, pero en ningún caso se sienta obligado.
Las formas de vida en una ciudad como París poco tienen que ver con las que puede llevar una persona que viva en mitad del campo. A pocas personas en ese medio rural se les ocurre levantarse a las 5 de la madrugada para comerse un filete de ternera sin embargo puede que un solo filete le pueda parecer muy poco a quien llega a esa hora de ver una película en el cine o pone fin a la diversión en una discoteca.

Siendo París una ciudad lo bastante grande como para que estos noctámbulos sea negocio suficiente para este tipo de restaurantes de madrugada la cadena Hippopotamus ya tiene abiertos más de 50 restaurantes en la ciudad y los alrededores, y en total tiene 102 restaurantes en toda Francia.
Los horarios de apertura de los restaurantes Hippopotamus son bien curiosos, algunos de ellos abren a las 2 y media de la madrugada, otros a las tres en punto y los menos madrugadores a las 5 de la mañana.
El tipo de comida que se puede degustar en Hippopotamus es principalmente carne a la brasa, por lo menos ese es el plato estrella y el que identifica a esta cadena. Sin embargo como no sólo de carne vive el hombre también se puede pedir alguna ensalada y algún solitario pescado. Con esto lo que quiero decirle es que si va a comer a Hippopotamus piense que allí se va a comer carne y lo demás, aunque también existe en su menú, no deja de ser un añadido exótico.
El aspecto de los locales es moderna, es como una versión personalizada de tantas cadenas de comida rápida que se encuentran por todo el mundo, la ventaja es que si ya se comió en una de ellas se podrá saber qué volverás a comer en cualquier otra aunque nunca antes se haya entrado en ese local.
Los precios son aceptables (si no se aceptan es mejor marcharse a dormir) y se pueden conseguir descuentos de un 30% si te presentas a comer a horas tan poco “normales” como pueden ser entre las dos y media de la tarde y las siete y media de la tarde. Esto se debe a que estos restaurantes están pensados para los que hacen vida de madrugada.
Para que luego nadie se lleve sorpresas muy poco agradables lo primero que hay que decir sobre este restaurante es que es muy caro comer en él. Fácilmente te puedes gastar en un almuerzo de dos personas 400 euros, salvo que te limites a lo más barato del menú y bebas sólo agua.

Nuestro consejo es que salvo que disfrute de una economía sobrada lo mejor es que no visite este lugar porque al final, cuando ya haya terminado de cenar o almorzar, y pueda reconocer que todo estaba delicioso también le quedará el resquemor de un gasto tal vez innecesario. No quiere decir esto que lugares como La Torre de Plata no puedan ser visitados por cualquier persona que lo desee sino que usted debe de ser muy consciente de que en ese restaurante dejará una buena parte de su dinero si se planteaba unas vacaciones económicas en París.
A pesar de todo si usted decide visitar este restaurante asegúrese de tener una mesa reservada por lo menos con una antelación de dos o tres semanas, de otro modo es muy posible que sólo pueda disfrutar de La Tour d’Argent desde fuera.
Los platos que mayor fama le han dado al restaurante son los que están preparados con pato, así ofrecen su caneton “Tour d’Argent” a 65 euros, caneton “Mazarine” à l’orange por 65 euros, aunque los pescados y el marisco también están deliciosos como la coquille Saint-Jacques de Lauzun truffée servida en coque lutée a 90 euros. El café tiene un precio de 8 euros.
Otro de los puntos destacados de este restaurante son las vistas que tiene del Sena y Notre Dame.
Las reservas las puede hacer desde la propia web de La Tour d’Argent.
Con la marca del restaurante se embotellan todo tipo de vinos, incluido champagne, whisky, cognac, etc. No necesita ir hasta el restaurante para comprarlos, por fortuna este servicio lo dan desde su tienda online. Los envíos se realizan a toda Europa.
Localización de La Tour d’Argent:
15-17 quai de la Tournelle
75005 París